Dos sonetos del tsunami
I
Sismo y terror. Una muralla de olas
lamió con sal y bruto latigazo
la ribera que fue, después, bagazo,
costa de muerte y de dolor a solas.
El tsunami, serpiente de mil colas,
arrasó en su reptar todo a su paso.
El Índico estalló como un ocaso
que apaga bajo el agua sus aureolas.
La gente de las tierras destrozadas
llena con su plañir inmensos mares
de luto y hiel en todas sus miradas.
Vivos y muertos yacen como pares
tras la devastación. Con marejadas
la historia fue torcida en sus andares.
II
Una mujer quebrada en sus sollozos.
Unos rígidos brazos sepulcrales.
Hambre y fiebre cebándose triunfales
sobre una humanidad partida en trozos.
La muerte colma más y más sus pozos
con el escupitajo de sus males
y volcando sus aguas infernales.
Sismo y horror. Inundación. Destrozos.
Una luz permanece, pese a todo,
como una incandescencia submarina
para vencer la enfermedad y el lodo.
Una marea de corazón se afina,
alma con alma reunidas codo a codo.
Otra ola, solidaria, se avecina.
Jesús Del Toro
__________
Nota: Estos sonetos, desplegados aquí con algunos ajustes, fueron publicados en los Diarios Rumbo una semana después del azote del terremoto y del tsunami, el 26 de diciembre de 2004, en las costas del Índico.
A un año de tal desgracia, sirvan como recuerdo.
Sismo y terror. Una muralla de olas
lamió con sal y bruto latigazo
la ribera que fue, después, bagazo,
costa de muerte y de dolor a solas.
El tsunami, serpiente de mil colas,
arrasó en su reptar todo a su paso.
El Índico estalló como un ocaso
que apaga bajo el agua sus aureolas.
La gente de las tierras destrozadas
llena con su plañir inmensos mares
de luto y hiel en todas sus miradas.
Vivos y muertos yacen como pares
tras la devastación. Con marejadas
la historia fue torcida en sus andares.
II
Una mujer quebrada en sus sollozos.
Unos rígidos brazos sepulcrales.
Hambre y fiebre cebándose triunfales
sobre una humanidad partida en trozos.
La muerte colma más y más sus pozos
con el escupitajo de sus males
y volcando sus aguas infernales.
Sismo y horror. Inundación. Destrozos.
Una luz permanece, pese a todo,
como una incandescencia submarina
para vencer la enfermedad y el lodo.
Una marea de corazón se afina,
alma con alma reunidas codo a codo.
Otra ola, solidaria, se avecina.
Jesús Del Toro
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Nota: Estos sonetos, desplegados aquí con algunos ajustes, fueron publicados en los Diarios Rumbo una semana después del azote del terremoto y del tsunami, el 26 de diciembre de 2004, en las costas del Índico.
A un año de tal desgracia, sirvan como recuerdo.
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